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En el espacio, al igual que en la Tierra también hay capullos, la diferencia es que en lugar de proteger a una crisálida hasta que se transforma en mariposa, son el lugar en el que nacen nuevas estrellas.

La nube roja que puede verse en esta imagen, obtenida con el instrumento EFOSC2, instalado en el New Technology Telescope, de ESO, es un perfecto ejemplo de una de esas regiones de formación estelar. Se trata de la nube llamada RCW 88, ubicada a unos diez mil años luz de distancia, con un tamaño de unos nueve años luz. No está hecha de hilo de seda, como los capullos de los gusanos, sino del gas de hidrógeno brillante que rodea a las estrellas recién formadas. Las nuevas estrellas nacen cuando estas nubes de gas de hidrógeno colapsan por su propia gravedad. Algunas de las estrellas más evolucionadas, que ya brillan con fuerza, pueden atisbarse a través de la nube.

Estas estrellas jóvenes y calientes son muy energéticas y emiten grandes cantidades de radiación ultravioleta, la cual arranca electrones de los átomos de hidrógeno que se encuentran en la nube, dejando el núcleo de protones (cargado positivamente). Cuando los electrones son recapturados por los protones, emiten luz en H-alfa, la cual tiene un característico brillo rojo.
Para producir esta imagen se utilizaron cuatro filtros, uno de ellos específico para la luz en H-alfa.

Observar el cielo a través de un filtro H-alfa es la forma más sencilla para los astrónomos de encontrar estas regiones, inmensos capullos  de formación estelar.









Crédito: ESO




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